No me gusta hablar de mi. No me gusta dejar al descubierto mis dobleces e imperfecciones. No me gusta enseñar mis puntos débiles. Es como decir “eh! Ahí está lo que más me duele, golpea justo en el centro!”.

Llega un punto que ese dolor se convierte en impotencia, en un sufrimiento distinto, te hace sentir débil, cobarde y como un trapo. Te dices que debes ser egoísta y pensar solo en ti, pero por más que lo intentas no lo consigues.

Llevo meses en los que me he sentido triste y he sido incapaz de contar el motivo a gente que quiero. ¿Por qué? Simplemente porque ni si quiera se habían dado cuenta de ello. Empiezo a pensar que si lo hicieron pero les daba igual. Sinceramente, no se que prefiero.

Y claro, eso se suma al motivo de apatía y tristeza inicial y ahoga.

Esa es la sensación que tengo. Me ahogo.

Siento como si me ahogara en un lago en cuya orilla se encuentra toda mi gente. Unos miran. Otros ni eso. El agua me cubre los labios, la nariz, los ojos….cada vez más profundo y no escucho nada. Silencio.

Dolor. Decepción. Soledad.

Advertisement